Y de la nada aparecieron “Los Increíbles”

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Aún resentido por una cirugía me levanté este pasado fin de semana con poco ánimo a prepararme para nuestro evento Big Bike Sale, de la fundación Earn-A-Bike. Dos veces al año ponemos en venta todas las bicicletas que, por diferentes razones, no pudimos entregar a los niños. Las ganancias de las ventas las utilizamos para comprar bicicletas de niños que luego regalamos a través del programa Earn-A-Bike@ School.

La organización Earn-A-Bike nació en el 2011 cuando mi esposa y yo vimos la necesidad de apoyar niños de escasos recursos económicos en el área oeste de San Antonio.  En su momento, compramos una casita que habilitamos como taller de bicicletas. Todos los sábados solía levantarme temprano y con un café en la mano esperaba ansiosamente a que los niños llegaran caminando o en sus bicicletas.  Cada sábado llegaban más amigos queriendo compartir con otros sus experiencias en Earn A Bike.

En el 2015 ya no cabíamos en la casita de las calles Guadalupe y Zarzamora, pero gracias a la generosidad de la ciudad de San Antonio nos mudamos a una galera en el área este de la ciudad.  Este nuevo espacio nos permitió crecer y ofrecer más servicios. Ahora Earn A Bike tiene una estructura formal con un director ejecutivo, administrador de programas y contamos con apoyo económico de empresas como H-E-B, Valero, la San Antonio Area Foundation y Nancy Hurd Foundation, entre otros.

 

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Esta vez me dio mucho orgullo ver al equipo trabajando en la venta bianual. Destiny apoyó con refrescos y estuvo a cargo de las ventas. Philip y su equipo de voluntarios habían sacado todas las bicicletas para que quedaran visibles y las tenían ordenadas en el patio. Mientras, Iván convocó a los medios. Me quedé sin trabajo, pensé.

No sabía cómo sentirme. Estaba orgulloso del equipo y lo que han logrado, pero también me sentía perdido sin un rol, hasta que llegaron “Los Increíbles”.

Observé de repente, sentado en una bicicleta cruiser negra, a un hombre de aproximadamente 35 años hablando valenciano. Me voltee hacia él y en español le pregunté si la bicicleta que buscaba era para él. Señalando a su esposa me comentó que buscaban bicicletas para toda la familia. Querían pasear por el River Walk y se les hizo atractivo comprar bicicletas de nuestra organización.  

El más joven, un chico de aproximadamente 12 años, contemplaba no muy convencido una bicicleta “híbrida”. Yo, que he compartido mucho tiempo con niños de 12 años y conozco sus gustos, sabía lo que estaba pensando.  

¿Prefieres una BMX? Le pregunté. Con una sonrisa miró a su madre y le dijo “ves, eso es lo que te dije”. De la misma manera, encontramos una bicicleta para la más chica y para el resto de la familia. Siete en total.

Mientras ajustaba los asientos, noté que la mamá y su hija tenían un tatuaje en el antebrazo que decía “Increíble”.  Me atreví a preguntar. “Todo inició cuando nos fuimos a Londres por primera vez en familia. Nombramos el chat de WhatsApp con el nombre de Los Increíbles”, dijo ella.

“Los increíbles” hicieron mi día.  Me llevaron a recordar porqué iniciamos Earn-A-Bike. Este proyecto comunitario nunca se trató de la bicicleta, sino de los momentos que convivimos mientras arreglábamos las bicicletas y a dónde íbamos en ellas.

Fueron momentos increíbles.

¿Alguien conoce un buen artista de tatuajes?  #increíble

CristianCristian Sandoval es un estudiante de doctorado en Our Lady of the Lake Univeristy, donde estudia la relación entre el estilo de liderazgo y su efectividad en organizaciones sin fines de lucro. Es el CEO de NICAM Marketing Strategy y se desempeña como Director Ejecutivo de Earn-A-Bike, una exitosa organización sin fines de lucro que inició en 2011. Además, tiene una maestría en Administración de empresas de Case Western Reserve y otra en Mercadeo de ESEADE.

 

 

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