Roche Rabell: gracias por enseñarme a conversar con el arte

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“La belleza artística no consiste en representar una cosa bella, sino en la bella representación de una cosa”,

Immanuel Kant

Más allá de ser un transmisor de mensajes o canal de expresión, el arte, como actividad creativa, tiene un efecto liberador, curativo, y de desarrollo personal. Además, el arte sensibiliza, y los artistas, al ser seres sensibles, logran a través de sus creaciones una conexión con quien las observa  que es a menudo muy difícil de apalabrar.

Cuando yo tenía 17 años, en 1993, salí del pueblo de Manatí para descubrir, en muchos sentidos, un mundo nuevo como estudiante universitario. Para entonces, lo confieso sin reparos, apenas había tenido la experiencia de pararme frente a una obra de arte para dialogar con ella. Sí, por que con el arte se dialoga, se conversa.

Así llegué a la Universidad del Sagrado Corazón. Mi primera clase, en mi primer día como univeristario, fue sobre apreciación del arte, a cargo de la profesora Doreen Colón-Camacho. No tardó ella en ofrecernos a los estudiantes un voluntariado con el Museo de Arte Contemporáneo de Puerto Rico (MAC), que para entonces tenía su sede en el segundo nivel del edificio Barat, dentro de la misma universidad. Y no tardé yo en decir que sí.

Difícil precisar cuántas horas me moví por entre aquellas paredes repletas de arte durante el tiempo que fui voluntario. Me sentía fascinado con aquella experiencia de estar tan cerca de tantas piezas y obras que representan tanto, y a tantos…

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Isla Vacía, de Arnaldo Roche Rabell

No miento al decir que de entre todas hubo una que me atrapó la mirada: Isla Vacía, de Arnaldo Roche Rabell. Mi mente viajaba observando esa creación que plasma una mesa de comedor repleta de platos, pero sin comensales. No entendía del todo para entonces que en ocasiones los artistas emplean la representación de objetos, obviando la figura humana, como parte de su discurso artístico. La combinación de apellidos Roche Rabell quedó grabada en mi siquis desde eso.

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Bajo un eclipse total de sol

Casi 20 años después de aquellas experiencias el rumbo de la vida me hizo llegar hasta otro museo. Esta vez laboraba yo como coordinador de comunicaciones del Museo de Arte de Ponce y, por razones obvias, a menudo me paseaba por los pasillos del lugar observando el despliegue de arte en sus paredes. En una de mis primeras visitas me topé de frente con la pintura Bajo un eclipse total de sol, de Roche Rabell. Recuerdo bien cómo me atrapó el ojo -de nuevo- la técnica del artista en esa creación al representar una silueta humana adornada con huellas de diferentes tipos de hojas.

La verdad, me sentí en ese momento como si me reencontrase con un amigo al que no veía hacía tiempo. Roche Rabell y yo no nos conocimos personalmente, pero sí me considero muy amigo de su obra, de su estilo, de su expresión pictórica. Redundo en esto, observando los trabajos de Roche Rabell aprendí a dialogar con el arte.

Hay algo de genialidad en todo ese proceso a través del cual Roche Rabell fue creando su catálogo de obras. Sus pinturas tienen identidad, un distintivo que, al menos a mí, me ayuda a darme cuenta en poco tiempo que estoy frente a una obra suya. De entre las tantas técnicas artísticas que empleó es denominador común la creación de capas espesas de pintura que luego el artista raspaba, repintaba o retrabajaba en su superficie con dibujos o grabados. Y esa apreciación la fui desarrollando en la medida en que me exponía a dialogar con sus pinturas.

Hace unas horas desperté. Mi primer contacto con el mundo exterior fue a través de un artefacto tecnológico que me permitió enterarme de que Roche-Rabell, desde hoy, ya no está en este plano terrenal. Desconocía por completo su padecimiento de cáncer. No pude hacer otra cosa que canalizar estas ideas, remontándome a mis 17 años. Así como él se expresaba a través de los lienzos y el pincel, de la manera en que mejor sé expresarme es haciendo bailar mis dedos sobre un teclado para traspasar en letras lo que se mueve dentro de mi cabeza. Cada cual a lo suyo, digo yo.

Agradezco a la vida, a las expresiones artísticas de genios como Roche Rabell y a la universalidad de ese proceso que nos permite enfocar y (re)enfocar tantas vivencias y puntos de vista movidos por la musa de tantos creadores. Ni idea tengo de cuándo tendré de frente de nuevo una obra de Roche Rabell, pero cuando eso ocurra, volveré a saludarlo como el amigo al que hace tiempo no veo. Sí, fisicamente ya no está, pero la invitación que él nos hace a dialogar con sus trazos de pintura es atemporal.

yoJosé R. Pagán Sánchez es el director editorial y editor de Vibra San Antonio. Es un comunicador puertorriqueño con 20 años de experiencia en medios impresos y digitales. Ha trabajado como reportero y editor en su isla natal, en Nueva York, y ahora en San Antonio, su nueva casa. Está disponible a través del correo electrónico jose@vibrasanantonio.com

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