¿Qué hace un boricua en Texas el 4 de julio?

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Hace más de dos mil años que existen en el mundo unos dispositivos preparados para subir al cielo y, a través de un efecto de combustión, generar llamas, chispas y humo. Algunos están programados para crear patrones de luces y efectos visuales. Sí, eso mismo. Le decimos fuegos artificiales. Y no es hasta ahora, a esta edad que tengo, que me he visto en la necesidad de prestarle tanta atención a estos artefactos.

Soy boricua. La mayor parte de mis 42 años de existencia los pasé bajo el sol, en tierra caribeña, y cada vez que llegaba un 4 de julio me arrinconaba con mi familia en un terreno de Cabo Rojo, en la costa sur. Me doraba bajo el sol como una fritura y regresaba a casa con la satisfacción de una fecha que rompe con la rutina.

Sin embargo, no pasaba por mi mente ese contexto histórico y político que implica celebrar la independencia de los Estados Unidos. Sí, no lo olvido. La isla es un territorio estadounidense, pero en un contexto que, digo yo, se queda a medias. Somos parte de “la Gran Nación”, pero no del todo. Estamos, pero a la vez no estamos. Es como una relación a medias. Y yo prefiero cuando los acuerdos se dan de forma total. O somos, o no somos.

Bueno, a lo que iba es que entre el 2011 y el 2013 viví en Nueva York. “¿Què se hace aquí un 4 de julio?”, preguntaba a mis conocidos y compañeros de trabajo. La mayoría me hablaba de dar un paseo por Coney Island, la península que ubica en el extremo sur de Brooklyn y que cuenta con una gran playa sobre el Océano Atlántico. Debió haber sido mi relación isleña con el término playa, pero la cosa es que me fui hasta allí.

La gente no cabía en aquella costa. El agua de la playa fría como en un invierno. Y la atracción principal es pararse por horas frente a una tarima para observar cómo varios individuos se atragantan de hot dogs en el menor tiempo posible. La verdad sea dicha, me repugnó lo que observé.

Ahora vivo en San Antonio, Texas. Aquí la playa no es una opción. Y entonces llevo varios días incordiando a todos con la misma pregunta. “¿Qué se hace aquí un 4 de julio?”. La contestación que recibo al unísono: “Ver los espectáculos de fuegos artificiales”. Pues no me desagrada la idea, pero queda poco de novedoso en ese hecho de estirar el cuello hasta arriba y fijar la mirada hasta ver cómo explotan los artefactos.

Por si en algo me ayuda, hice una búsqueda en la web con la esperanza de que quedar impresionado de alguna manera detrás de la explicación pertinente. Aprendí que los fuegos artificiales son una invención de los chinos, que funcionan gracias a reacciones químicas y que entre sus ingredientes hay unas sales metálicas que le otorgan los diferentes colores. Esa es toda la ciencia.

Quiero ser honesto. Todavìa no decido què harè este 4 de julio en la noche. Desconozco si llegarè hasta el Downtown para confundirme con los turistas y poner mi mejor cara de asombro. No sè si me quedaré en mi casa y observarè todo a través de la ventana. Tampoco si me irè a la cama temprano y dejar que las explosiones de colores sean parte de un espejismo. No lo sè. De verdad, todavía no me queda claro. Sigo con la misma pregunta de antes: ¿Què hace un boricua en Texas un 4 de julio?

401242_10151302118155338_1296015905_nJosé R. Pagán Sánchez es el director editorial y editor de Vibra San Antonio. Es un comunicador puertorriqueño con 20 años de experiencia en medios impresos y digitales. Ha trabajado como reportero y editor en su isla natal, en Nueva York, y ahora en San Antonio, su nueva casa. Está disponible a través del correo electrónico jose@vibrasanantonio.com

 

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