“Love, Simon” y el asunto de la diversidad

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Sentado en una de las butacas rojas, desde la distancia, contemplo sigilosamente cómo ha cambiado nuestro entorno. Son otros tiempos, otras pluralidades: matrimonios diversos, parejas de todo tipo, cinéfilos solitarios sin ningún tipo de perspicacia y menores sonrientes, acompañados por sus familiares, se dirigen a develar los misterios de la vida de Simon (Nick Robinson) con un aura de expectativa y celebración: porque ya no es un asunto oculto de alcobas o guardarropas.

Y así, “Blue” y “el que todo lo ve” se sinceran, como pocos lo hacen: desde sus conversaciones virtuales, nacen la tolerancia, la valentía y hasta el amor consagrado. El filme Love, Simon (2018), dirección de Greg Berlanti, trae consigo las peripecias de un adolescente a la hora de definir su sexualidad, sumado al cuestionamiento básico de la historia: ¿acaso es necesario el ritual de “salir del clóset”, con el 2020 a punto de caramelo? ¿Qué tal sería si los heterosexuales tuvieran que revelar su identidad, a cada instante? Claro, desde otra perspectiva: la del estigma. La de la necesidad de auscultarlo todo. De develarlo.

La película LGBTTQ que no termina en tragedia -con un abrigo similar al de Brokeback, pero en otros tiempos- refresca la visión de la sexualidad, a la vez que le otorga un tono realista: amigos que se pierden por instantes o actúan desde la doble moral ante la confesión, padres que se esconden en los rincones cuadrados de sus convicciones, así como estereotipos sobre lo que debe ser o no un “gay”, “trans” o una “lesbiana”. O de cómo debe comportarse. O hasta manifestar sus deseos carnales. Y es que, desde la ventana ancha de la diversidad, todo se observa distinto: como la adrenalina del “sube y baja” asociado a la estrella de feria o la rueda de la fortuna. Término perfecto: rueda de la fortuna, pues no se sabe qué debemos esperar de la situación, aunque casi siempre redunda en epifanía. Las tonalidades, las formas de amar y hasta las autorrevelaciones toman un giro poco común desde este mirar distinto, aunque cada vez se normaliza como parte de aquello que nos convierte en humanos.

La invitación del filme es sencilla: la celebración del descubrimiento personal, de la diversidad -incluso racial- y del amor, en todas sus dimensiones. Y el “ciberchantaje”, las explicaciones innecesarias y la culpa también forman parte de este enredo llamado “Sexualidad 101 LGBTTQ” en la actualidad, vocifera la película, materia que parece sencilla para los denominados “expertos consumados”.

¿A cuántos más padres y madres veremos como público en este filme? ¿Lo seguiremos condenando en la hoguera? ¿Dejaremos a nuestros hijos, al fin, exhalar?

Y, en este instante, inspirado en el filme y en Simon, he optado por crear una nueva cuenta de correo: agfrommywindow@gmail.com Observo sigiloso desde la estrella de feria de la vida y abro una convocatoria para todas aquellas almas anónimas que quieran compartirme algunas de sus vivencias. Algunos de sus secretos. A lo mejor coincidimos de alguna manera. O puedes ser mi musa anónima para otros próximos encuentros en este rincón de palabras, cine y recuerdos. O quizás yo pueda ser clave en la búsqueda de tu alma gemela. ¿Quién sabe?

La invitación es para almas, fuera de cualquier clasificación o de género. ¿Te atreves a desvelar algunos secretos con un nuevo amigo virtual de la palabra y del buen arte, alias “sentirte aliviado”, y a comenzar así, desde cero?

Por Ariel Orama López (AG ORLOZ)

1341017702737Ariel Orama López (AG ORLOZ) es un actor puertorriqueño, coach certificado de Barcelona y psicólogo clínico especialista en medios. Desde el 2007 se ha destacado como articulista de medios para espacios nacionales e internacionales. Es autor de libros individuales y colectivos, entre los cuales se destacan Sinapsis Creativa y Sociedad en el diván: una década en los medios. Puede ser contactado a través del correo electrónico droramalopez@gmail.com y AG_ORLOZ en Twitter.

 

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