EL ÁNGEL: filme argentino y atinado de Luis Ortega sumado a Almodóvar

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“El Mundo es de los ladrones y los artistas, Carlitos. El resto tiene que ir a trabajar”. Con esta frase y par de juegos de seducciones que entrelazan las sexualidades, las identidades y los robos a mano armada, el filme argentino y atinado de Luis Ortega sumado a Almodóvar y la innegable reputación de El Deseo, sirvió como el cierre perfecto del Festival Internacional de Cine Fine Arts, en Puerto Rico.

El encuentro con el asesino múltiple más observado -espectro idealizado del más joven de la historia- de Argentina, Carlos Robledo Puch, quien fue condenado a cadena perpetua, trae consigo la identificación de las razones existenciales de un imberbe para robar o matar, más allá de justificaciones trilladas, sumadas a un estilo genial de comunicación capaz de convencer al espectador -o al robado, en el caso de la vida real- de que este joven sabía lo que se traía entre manos, era capaz de fulminar la esencia vital en segundos y que su nombre -etimológicamente- sabía a la propia libertad.

Cuenta con una dirección exquisita, sumada a un guion con sustancia, canciones de épocas que tocan la fibra de cualquier experto en la melodía y la verosimilitud de Lorenzo Ferro, quien es capaz de hacer cuestionar las cualidades de un ángel y debatir las razones para ser considerado un ser demonizado.

thumb_236061_658_0_0_0_autoEs una historia policial -mirada delincuencial- que cautiva, sin olvidar las peripecias de una Argentina que está -y sigue- en una lucha política y cultural incesante entre el bando de los seres justos y éticos y el bando de los no aplaudidos e inconformes. Para “Transfor”, Mario Alegre Femenías, este servidor y cualquiera que hiciera de las veces de director de cine independiente en las salas de Fine Arts, definitivamente, representó una lección de cine conceptual en donde una nostálgica y suculenta comida casera en el tiempo perfecto, un piano en bemoles repleto de billetes y bienes robados, un “trans” filosofando sobre la vida entre bohemios, unos labios o un iris que rayan entre la locura y la cordura en primerísimo plano o lo estético de decorar -desde la opulencia- la pelvis del objeto del deseo -a veces amigo leal, otras amante sin consumar, pocas, compañero casual- son capaces de narrar más historias que cualquier conversación lineal del mismo tipo de filme, pero hollywoodense o norteamericano.

Mientras me despido con ese baile que, cíclicamente abrió y cierró el filme, con un aire de libertad que no es capaz de robarle a Carlitos ni una décima de su paz, transito entre deambulantes (en la zona metropolitana) por Miramar.

Ninguno me ha robado, más allá de lo que las carencias de seguridad, la sensibilidad colectiva o el espíritu de inconformidad logran succionarme desde la mirada de nuestra capital actual.

Como con Carlitos: sea en el 1971 o en el 2020, hay verdades sociales que no se pueden ocultar.

1341017702737Ariel Orama López (AG ORLOZ) es un actor puertorriqueño, coach certificado de Barcelona y psicólogo clínico especialista en medios. Desde el 2007 se ha destacado como articulista de medios para espacios nacionales e internacionales. Es autor de libros individuales y colectivos, entre los cuales se destacan Sinapsis Creativa y Sociedad en el diván: una década en los medios. Puede ser contactado a través del correo electrónico droramalopez@gmail.com y AG_ORLOZ en Twitter.

 

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