Cuando la muerte te besa y te deja ir

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Octubre me recuerda cuán cerca estuve de la muerte en 1996. Lo que comenzó como un simple catarro se complicó con infección de garganta. Ese día de principios de octubre me sentía tan mal que avisé a mi entonces novio para que viniera a buscar una receta para comprarme unos medicamentos. Le dije que dejaría la puerta del apartamento abierta porque no sabría cómo me sentiría después.

Llegó con los medicamentos, le pedí que me ayudara a bañar. Sentí el agua de la ducha en mi rostro. Es lo último que recuerdo…

Abrí mis ojos cinco días después y me encontraba en la Unidad de Cuidado Intensivo. Totalmente desorientada, desconcertada y aturdida, un médico especialista me explicó lo que me había pasado.

Me había contagiado con meningitis bacteriana. Cerca de cinco médicos estuvieron atendiéndome para estabilizarme. Todo esto lo supe después cuando comencé a hacer preguntas.

Mi entonces novio llamó al 9-1-1. Llegó la ambulancia, me llevaron a toda prisa al hospital. Contactaron a mi familia, que llegaron a toda prisa al hospital y me encontraron en una camilla con la boca semi abierta e inconsciente. Todo esto lo sé porque me fueron dando detalles poco a poco porque no recuerdo nada.

Mi cuerpo fue sometido a múltiples baterías de exámenes y pruebas para poder encontrar qué me ocurría. Hasta que me hicieron la prueba del líquido cerebroespinal. Cuando realizaron la punción, el líquido extraído debía ser transparente. El mío salió color gris. Encontraron la respuesta: meningitis bacteriana.

La meningitis bacteriana es una inflamación grave e  incluso mortal de las meninges o membranas que cubren el cerebro y la médula espinal.

Dado a lo contagioso de la enfermedad, las personas que me visitaban tenían que utilizar bata y mascarilla especial para evitar contagio. Tampoco recuerdo ese momento. Solo recuerdo una ocasión en que mis excompañeros de trabajo de la academia de baile Arthur Murray fueron a visitarme.

Durante mis días en intensivo me atendieron neurólogos, neumólogos, internistas, fisiatras, terapistas físico, médicos especialistas en adolescentes, infectólogos mientras mi familia pasaba angustias porque yo no despertaba.

Luego del quinto día desperté y posteriormente me pasaron a una habitación. Estuve 18 días hospitalizada. Sentía fuerte dolor de cabeza y debilidad. No podía caminar bien, había perdido visión y mi memoria iba y venía.

Los cuidados incondicionales de mi familia, mis padres y mis hermanos, además de las visitas de amigos y estudiantes hicieron que mi recuperación fuera más llevadera.

Recuerdo la habitación llena de arreglos florales. Todos los días mi familia se llevaba varios arreglos a la casa y ese mismo día recibía más flores. ¡Cuánto cariño y cuántos detalles!

Pienso que el shock de mi cuerpo fue tan grande con la meningitis que me desconectó del mundo. No sentía nada, ni siquiera recuerdo que me hicieran la prueba de punción lumbar, que dicen que el dolor es horrible. Quizá fue mejor que no sintiera y el cuerpo en su sabiduría interrumpió todos mis sentidos para que yo pudiese sanar.

Nunca vi un túnel ni personas ya fallecidas. Lo que recuerdo es ese momento en que sentí el agua sobre mi rostro. Lo último que recordé antes de mi inconsciencia fue luz y agua.

Cuento esto porque por años no quise hablar sobre el tema. Fue un impacto tan grande y un dolor tan inmenso para mi gente querida que preferí no recordar.

Pero 22 años después puedo decirles que cada día agradezco a cada una de las personas que dieron su tiempo, su atención y cariño para ayudar en mi recuperación. Gracias a ellos, a la medicina y a las oraciones de mi gente, pude vivir para contarlo. Quièn pensaría que años más tarde utilizaría una rama de la salud alternativa para ayudar a personas que sufren angustiosamente por un dolor o por una condición de salud.

Sé lo que es temer morir “antes de tiempo”. Por tanto, lo que pueda hacer para aliviar el dolor y el sufrimiento de quienes padecen alguna condición, aquí estoy para ayudarles. Es mi agradecimiento a la vida y mi manera de reciprocar una segunda oportunidad en este mundo.

26165289_1557284464358384_6528796272224968913_nLa autora es terapeuta del masaje, especializada en manejo del dolor, instructora de baile, periodista, amante de la naturaleza, la lectura y la música. De trabajar en una sala de redacción 12 horas al día, cambió su estilo de vida radicalmente mejorando su nutrición, practicando yoga, meditación, dedicando tiempo para cuidar su mente, cuerpo, espíritu y ha decidido compartir lo aprendido en este proceso con otros y conozcan que tener un mejor estilo de vida es posible. Está disponible a través del correo electrónico yami@benestarepr.com y puedes visitar su plataforma digital en http://yamiotero.com/

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